21,22 y 23 de
septiembre de 2007.
A pesar de que
durante toda la semana las previsiones del tiempo eran de lo más
desfavorables, anunciando los meteorólogos casi el diluvio universal, y tras
plantearnos si íbamos o nos quedábamos en casa, llegó el viernes y subimos
a Gavín.
Cuando llegamos,
entrada la tarde, y nada más bajar del coche, ya se empezaba a notar el
fresquito de la montaña en otoño, que aunque no quieras, obliga a ponerte la
primera ropa de abrigo para poder estar en la calle.
Como siempre al
llegar, saludos con todo el mundo, y especialmente los que no estuvimos en
Logroño, porque llevábamos sin vernos todo el verano.
Los primeros que
terminaron de instalar, y los que se alojaban en apartamentos, comenzaron a
montar la nueva carpa del Club: blanca, con ventanas transparentes y dos
puertas, con capacidad para poner por lo menos 6 o 7 mesas, y,
ajustaditas, casi treinta personas de tertulia.
Cenamos, cada uno
lo suyo, y después el Club ofreció café y pastas, y estrenamos la carpa.
Al día siguiente,
sábado, el Club nos obsequió con chocolate caliente para desayunar, que
sienta de maravilla, tanto por lo bueno que está, como porque te lo dan
hecho.
Después, de
excursión. Otros años, en esta acampada, se hacen excursiones para recoger
setas, pero este año, obedeciendo los consejos de los expertos que decían
que todavía no había setas, decidimos ir de excursión al balneario de
Panticosa, por donde paseamos, nos hicimos fotos en una cascada, e
intentamos hacernos una idea de cómo quedará el recinto cuando terminen
todas las obras. Al final, una foto todos juntos, y nos fuimos para el
camping. Cuando llegamos, como ya era la hora, nos comimos la paella que nos
había preparado el restaurante en el local social.
Comida y
sobremesa se alargaron hasta casi las cinco de la tarde, momento en el que
llegamos a nuestras instalaciones y mientras unos estaban de tertulia
otras ayudamos a Antonia a preparar salmorejo y bacalao con naranja para
cenar.
Después, los que
quisieron, un paseo por los alrededores del camping, que se aprovechó para
charlar y para recoger arañones.
Disfrutamos de un
buen día, y la lluvia no hizo acto de presencia hasta la hora de la cena,
por lo que en lugar de cenar en nuestras instalaciones, nos acercamos al
local social del camping, y allí degustamos el salmorejo y el bacalao con
naranja al que nos invitó Antonia, o el pimiento con anchoas y las tostadas
con cangrejo y mayonesa con que nos obsequió Begoña; en fin, que entre el
bacalao de la andaluza y los aperitivos de la vasca, los demás nos pusimos
las botas.
Después, café y
pastas que ofreció el Club, juegos con bolas para niños y no tan “niñas”, y
tertulia, primero en el local social y después en la nueva carpa, y después
fuera de la carpa: en fin, cada uno hasta que tuvo ganas.
Al día siguiente,
domingo y último día, por la mañana descansamos y tranquilamente empezamos a
recoger. Al mediodía, y en el local social del camping, el Club nos ofreció
la comida a base de huevos fritos, panceta, tortetas y morcilla, fruta,
vino, sangría, y café para terminar.
Sobre las cinco y
media de la tarde, y después de la tertulia, las despedidas y fin de
acampada, con el deseo de volvernos a ver pronto, porque lo pasamos muy
bien, y al final, eso lo importante.
Carmen Delgado.
Socia nº 107.