Como estaba programado, el día 7 nos dimos cita en la estación intermodal
para coger el autobús que nos llevaba a Barcelona.
Aunque la asistencia de socios no fue abrumadora, sumamos unas 30 personas.
En dos cabezadas nos plantamos en La Panadella, donde pudimos calmar
nuestras vejigas y estómagos.
Tras la parada fuimos directos a la Fira. Como ya sabréis, el sitio es
nuevo. Cambiaron de Montjuïc al recinto de Gran Vía. El cambio es
espectacular, porque las instalaciones ofrecen mayor calidad al
acontecimiento.
Con la entrada en mano nos dispusimos a coger las escaleras mecánicas, ya
que llegamos con adelanto, y hubo que esperar unos minutos, pero esto sirvió
para saludar a caras conocidas que se encontraban por el hall.
Una vez dentro de la Fira el lujo es impresionante. ¡La cantidad de marcas y
de material que se llega a concentrar en este evento! Tal vez las novedades
no sean tantas --pocas distribuciones nuevas se pueden inventar--, pero aun así
hay que aplaudir el ingenio de las marcas por presentar cosas diferentes y
cambios que unas veces satisfacen y otras no nos gustan. En resumen, pienso
que aunque no tengas que comprar nada es interesante la visita, y más cuando
nuestro Club lo financia para que podamos ir por un precio ridículo.
De todas las cosas se puede coger una idea que podamos aplicar a nuestras
instalaciones.
Me olvidaba decir que la tendencia a crecer la venta de autocaravanas
continúa, pese a ese impuesto que las ronda. En la feria había un gran
número de marcas que comercializan estos vehículos.
Una vez visitados nuestros colaboradores del Club, y por supuesto cansados
de andar todo el día, salimos a coger el autobús que nos devolvía a nuestras
casas. Realizamos una parada en Almacellas para relajar “aquello”, y con una
hora muy prudente nos encontramos de nuevo en la estación, y cada uno con sus
catálogos cogió rumbo y hasta la próxima.
Chema Pedrazo
Socio nº 10