A eso de las
siete de la tarde del viernes cogimos nuestros bártulos y nos fuimos a
disfrutar de un buen fin de semana playero.
Habíamos quedado
con Chema y Dori en el peaje de Fraga para ir juntos a Tarragona, y un poco
cansados de esperar, cual fue nuestra sorpresa, que la causa del retraso era
una multa de trafico al señor Pedrazo por exceso de velocidad. Aclarada la
cuestión nos pusimos rumbo a Tarragona.
No sé si debido a
la multa de trafico, el señor Pedrazo iba un poco despistadillo, se saltó el
cruce de Reus y nos enseñó todas las rotondas de la misma Tarragona y sus
alrededores.
Después de rodar
tanto, llegamos al camping Las Palmeras, donde ya estaban instalados los
anfitriones de Lérida y nuestros amigos de Huesca. Besos, saludos y muy
buen rollo de parte de todos, y otra sorpresa al descubrir que el otro
Pedrazo también tiene predilección por las mismas rotondas que su hermano.
Una vez
instaladas nuestras caravanas, cenamos todos juntos y a disfrutar de un buen
quemadillo de ron que nos ofrecieron los de Lérida. Y cómo no, después un
buena tertulia con algún que otro licor.
Al día siguiente
los más peques disfrutaron de un buen chapuzón en la piscina; y los mayores,
unos se quedaron durmiendo y otros fueron de paseo, esperando que se hiciera
la hora de comer para degustar los caracoles con patas de ministro que este
año nos ofrecía el Club de Lérida. Cuando llegó la hora de comer todos nos
chupamos los dedos con los caracoles, de riquísimos que estaban. No faltaron
los licores y el buen rollo, y pudimos contemplar --no sé si debido a los
licores o al cava-- a dos bailarinas de Lérida de lo más estrambóticas. Con
el cuerpo un tanto alegre decidimos irnos a la playa a tomar el sol y seguir
con la cerveza y los licores hasta la hora de cenar, eso que algún que otro
prefirió echarse una siestecilla de cuatro horas muy relajadito.
El domingo
después de almorzar chocolate con coca, nos fuimos peques y mayores a
disfrutar de la playa debido al calor que hacía. Los más peques con Manolo y
Francis (los más atrevidos) se metieron en el agua que estaba fría,
disfrutando de lo lindo. Alguno que otro abusamos del sol, poniéndonos
colorados como gambas y pagando las consecuencias toda la semana.
Después de pasar
un fin de semana estupendo, nos despedimos con ganas de volver a vernos muy
pronto.
Pilar L. Fullola
Socia nº 124