Tal como estaba programado, a las 9 de
la mañana nos reuníamos en el aparcamiento del Palacio de Congresos para
iniciar el recorrido de los belenes.
En esta ocasión el Club decidió
visitar los belenes de Peralta de la Sal y de Monzón. Este último ya lo
habíamos visitado en anteriores ocasiones, pero cada año es distinto y digno
de ver.
El “Presi” abría la marcha. El sol
lucía espléndido, aunque la mañana era fría. Les seguíamos otros cinco
coches y sin prisa llegábamos a Monzón. En el hotel Vianetto, nos esperaba
Jesusete. Allí algunos que llevaban la alforja dieron buena cuenta de sus
viandas. Otros pedimos bocadillos: nos apeteció el de beicon (y parece que
debieron de matar al cerdo en ese momento por la tardanza). Más tarde se
unieron al grupo nuestros amigos y socios de Binaced.
Tras el almuerzo nos fuimos a ver el
belén de Peralta de la Sal. La verdad es que nos sorprendió a todos, más que
por su belleza, por su singularidad, ya que casi todas de sus figuras tienen
movimiento. Los guardias de las torres rotan su vigilancia, o la cerda
amamanta a sus cochinillos y ves como sale su leche, la vaca que se ordeña
también da leche y hasta las gallinas ponen huevos. En fin, que para hacer
que todo esto funcione hay que tener mucha imaginación y poner mucho
trabajo, ya que es un belén particular.
Después nos hubiera gustado visitar la
localidad, pero había que volver a Monzón antes de las 13 horas, porque
cerraban y no volvían a abrir el Belén hasta las 18 horas. Con el tiempo
justo para entrar visitamos este belén, que es enorme y de excepcional
belleza, tanto por sus paisajes como por sus figuras. La verdad es que tiene
fama y bien merecida. Por algo es el belén más visitado de Aragón.
Una vez finalizada la visita nos
fuimos a comer al restaurante Coctramo, donde Jesusete había reservado para
nosotros. Al terminar la comida, todavía lucía el sol y hacía buena
temperatura así que decidimos visitar el centro de interpretación del río
Cinca, que estaba cerca.
Algunos que tenían más prisa se
volvieron para Huesca y el resto fuimos a ver este centro. Varios de los
niños ya lo habían visitado, pero aún así, entraron. El centro nos
sorprendió agradablemente, siempre hay curiosidades y cosas que aprender. A
los niños también les gusto, sobre todo a Martín, que al finalizar las
audiovisuales, aplaudía y gritaba entusiasmado: “muy bien, muy bonito, muy
chulo”.
La guía del centro nos acompaño hasta
un pequeño meandro que había formado el rió y que se encontraba al lado del
centro, para poder observar algunos tipos de aves que acudían allí para
pernoctar. No hubo mucha suerte, ya que solo pudimos ver de cerca un
petirrojo.
Empezaba a anochecer y con las
despedidas y los clásicos deseos para la Navidad y para el próximo año,
termino un día muy agradable.
Francisco Pedrazo
Socio
nº 3