Tras mucho tiempo de preparación y con muchísimas ganas que llegara
el momento partimos el sábado 31 de Marzo de Huesca mi prima Clara, María y
Yo. Esta era mi segunda Acampada Nacional, no así para ellas, que eran
“debutantes”. Los demás amigos del Club habían salido antes, ya que como yo
no llevaba caravana no tenía que llevar su “ritmo”. Tras varias paradas y
varios adelantamientos a nuestros amigos llegamos a Córdoba alrededor de las
cuatro de la tarde. Ya en la preciosa ciudad fuimos a casa de mi tía Antonia
que nos esperaba a comer. Una vez con el estómago lleno y habiendo
descansado del viaje fuimos al Recinto Ferial, que es el lugar en el que
tenía lugar el evento. Allí nos estaban esperando ya todos los amigos de
Huesca y un fuerte chaparrón que nos empapó mientras ubicábamos las
caravanas en nuestras parcelas. Después de haber montado todos nuestras
instalaciones, fuimos a conocer las carpas instaladas para el evento,
cenamos y, el que no estaba demasiado cansado, se quedó un rato de tertulia.
El tiempo, como en toda España ha sido lluvioso, pero nos ha
permitido realizar cuantas visitas hemos querido. Hemos tenido suerte que el
suelo del recinto era de tierra de “albero”, que mientras llovía (y lo ha
hecho a mares) pasaba literalmente un río entre nuestras caravanas, formando
mucho barro, pero, en cuanto paraba de llover, se secaba casi por completo.
El domingo amaneció gris, pero no impidió que fuéramos a pasear por
la Judería y los alrededores de la Mezquita Catedral con nuestra guía
Antonia. A mitad de mañana tomamos un tentempié y continuamos el paseo hasta
la hora de comer, que llegamos a las caravanas. Ya por la noche fuimos a
probar las exquisitas tapas que se preparan en la ciudad acompañadas de un
buen fino. A la vuelta a nuestras “casas” un rato de tertulia y a dormir.
El lunes día 2, emprendimos de nuevo rumbo hacia la Mezquita, para
visitar su interior. Los que ya la habíamos visitado anteriormente no
entramos, pero aprovechamos para seguir recorriendo las callejas de la zona.
Más tarde fuimos a visitar los Reales Alcázares. De camino a la Acampada
paramos en un bar a tomar un fino con unas berenjenas fritas y con salmorejo
(con una erre) y con las gigantescas raciones que nos sirvieron ya no
comimos. Después de descansar un rato, vimos el desfile de muñecos gigantes
que habían organizado para los peques y descansamos un rato, cenamos y de
nuevo tertulia.
El martes teníamos preparada una excursión para todos los de Huesca
a Azuel, un pueblo a noventa kilómetros de Córdoba. Es el pueblo de mi tía y
habíamos encargado dos cochinillos ibéricos para comer allí. Una vez que
llegamos al pueblo y descargamos algunas cosas, nos pusimos rumbo a la
Molina de Aceite de Fuencaliente, un pueblecito al lado de Azuel pero ya
provincia de Ciudad Real. En la Molina compramos un excelente aceite y una
vez cargados los coches fuimos hasta el pueblo para pasear por sus calles y
para comprar chorizo de venado en una carnicería que lo hacer exquisito. De
vuelta a Azuel, Francis y Chema trocearon los cochinos, preparamos las mesas
en el patio de la casa y, una vez frita la carne y preparadas las ensaladas,
dimos buena cuenta de todo. Parece que no hubiéramos comido en la vida. Ya
después de comer y para bajar la comida fuimos al “Castillo”. Es un
montecito cercano y el lugar donde la gente del pueblo va de romería. Desde
allí pudimos ver un cortijo con vacas, cochinos, toros y un tentadero. Casi
tuvimos que correr para regresar a los coches porque empezó a venir la
tormenta hacía nosotros. Después de volver al pueblo, recogimos las cosas
que habíamos dejado en la casa y volvimos a la acampada.
El miércoles amaneció un día despejado y aprovechamos para ir a
visitar Medina Azahara, unas ruinas de las que si queréis saber más, podéis
preguntarle a Manolo Glück, que nos dio una lección magistral de historia
con sus explicaciones de la “ciudad”. Durante la visita comenzó a llover,
incluso nos calló algo de granizo. Ya por la tarde y aunque la organización
de la Acampada no les dejó hacer la degustación, el Club El Hórreo realizó
una “invitación” a probar productos típicos Asturianos. Esta es una de las
degustaciones, perdón, invitaciones más esperadas por los asistentes al
evento con su cabrales, su chorizo a la sidra (aunque para poder coger un
trozo tuvieras que ser más habilidoso que el mejor reboteador de la NBA) y
como no, la sidra. Una vez termina la degustación y estando más
contentillos, la mayoría se fueron a Córdoba a ver alguna procesión y otros
nos quedamos en la Acampada y fuimos a seguir la juerga a la carpa, en la
que actuaba una orquesta.
El jueves amaneció un día muy lluvioso y se tuvo que suspender el
desfile de trajes regionales, teniendo que realizar un improvisado acto de
inauguración de la Acampada con las autoridades en la carpa principal. El
Club Campista Huesca, tenía preparada una degustación para todos los
asistentes. Como el año pasado, y en colaboración con el Ayuntamiento de
Huesca y con la Asociación de Pasteleros de Huesca, que consistía en Pastel
Ruso, Trenza de Almudévar, Glorias de Huesca y Castañas de Mazapán. Para
regar todo esto y, como el año pasado, repartimos moscatel. Dado que el
producto es perecedero, solicitamos a la organización que nuestra
degustación fuera de las primeras en realizarse, cosa que hay que agradecer
puesto que fue la primera oficial. Como el tiempo era muy inestable,
preparamos todo en la Carpa principal. Con la colaboración de “Cercados Gabi”,
unos preparamos las vallas mientras las mujeres troceaban los pasteles. La
degustación fue todo un éxito ya que estuvimos más de una hora repartiendo
pasteles sin parar. A su vez. Cristina y Dani repartían folletos de
propaganda de los Pasteles y de turismo en Huesca. Ya por la noche y después
de haber participado en otras degustaciones fuimos otra vez a la Carpa para
degustar la Queimada y el Orujo de Café que repartían los Clubes Gallegos.
El viernes, Chema y yo fuimos a la Asamblea de la FECC y los demás
se fueron de visita por Córdoba, siempre acompañados por nuestra guía
oficial Antonia. A la hora de comer, el Club organizador obsequiaba con la
tradicional Comida de Hermandad. El menú consistía en Salmorejo y
Flamenquines. A media tarde continuamos probando las degustaciones que
seguían realizando los distintos clubes, entre ellos el Aragón Caravaning y
el CCC Rioja. Como era la última noche que podíamos disfrutar, María, Clara
y yo nos fuimos a cenar y a conocer la noche cordobesa con mis primos de
Córdoba. Fue una noche un poco “cargada” pero lo pasamos genial.
Al día siguiente, y como era de esperar, estábamos “rotos” y
amanecimos a la hora de comer. Comimos en casa de mi tía y volvimos a la
Acampada. El resto de la gente de Huesca aprovechó la mañana para realizar
la última visita a la Ciudad antes de comenzar a recoger todo. Ya por la
tarde pudimos desmontar las toldillas y dejar todo preparado para el viaje
de vuelta.
El domingo amaneció el mejor día de todos, sin ninguna nube,
lástima que a las ocho de la mañana emprendimos el viaje de vuelta hacia
casa. Nosotros tres llegamos a la hora de comer a Huesca, muy cansados, con
muchas ganas de llegar, pero con el buen sabor de boca que dejan siempre
estas acampadas. Para repetir sin duda.
Los datos oficiales de la acampada fueron los siguientes:
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Número de instalaciones:
1288 instalaciones, repartidas en: 877 caravanas, 379 autocaravanas, 10
carros tienda y 22 tiendas.
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A parte de las
instalaciones había 60 tiendas en la zona de Acampada Juvenil.
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Número de personas: 3529
personas, de las cuales 2814 eran adultos, 495 jóvenes y 220 niños.
Luis Pedrazo
Socio nº 115