Hola de nuevo amigos. Una vez más
estamos aquí para poneros los dientes largos a todos aquellos que por
razones varias (comuniones, romerías…) no pudisteis asistir a la salida de
convivencia realizada el pasado 14 de mayo al “Salto de Roldán”.
Todo empezó un domingo por la mañana,
en el cual un grupo de amigos (pequeño, pero bien avenido), quedamos en el
aparcamiento del Eroski y tras unos breves saludos nos dirigimos a nuestro
destino.
Una vez allí, lo normal, una pequeña
inspección del terreno y una sugerencia para almorzar. No había mucha gana,
pero con el choricico y la longaniza hechas por Chema y Dori..., ¿quién se
resiste? Casi no acabamos.
Y ya con el estómago tranquilo, qué
mejor que caminar y subir un poco por la ladera de la famosa montañita, la
cual los más valientes terminaron por encumbrar. Los que no, nos deleitamos
con el maravilloso paisaje, un pequeño descenso, comentarios sobre lo visto
y vivido y retomamos el paseo por la otra ladera, hasta llegar a un pequeño
repecho en el cual pudimos observar el ascenso y descenso de los buitres que
se atrevían a acercarse por donde nosotros estábamos.
Después del regreso al campamento
base, pues ¡oye, que ya es hora de comer! Un pequeño aperitivo, amenizado
por una degustación de vermouts y vinos de distintas casas y cosechas, y un
sabrosísimo bacalao con tomate, seguido de postres y pastas, y ¡cómo no!
algún que otro licorcito casero (a cual mejor) aportación para este día de
Chema y Manzano. Un poquito de tertulia y reposo, con la cual a nuestro
pesar dimos por terminado nuestro magnífico día, pues el que más y el que
menos, hasta un poquito de color se llevó de recuerdo.
Así que os esperamos para la
próxima. No faltéis.
Yolanda Cáliz
Socio nº 84
Hoy he ido al Salto
del Roldán con mis primos Santi, Dani y Yoli, y con mis tíos Conchi y
Santiago. Fuimos al Eroski a esperar al Club Campista, aunque solo fuimos
catorce de muchísimos más. Cuando llegamos al Salto del Roldán almorzamos un
poco. Después subimos a la cima; se trataba de subir primero por un camino y
después subir unas escaleras de hierro clavadas en la piedra, después había
un nido de mosquitos y después mas escaleras, pero esta vez tenias que pasar
de una escalera a otra y era un poco difícil, a la primera tuve un poco de
miedo pero a la segunda fui valiente y las subí, pero había muchos insectos,
pero los pasé, primero se me metió un mosquito en el ojo. Después de eso
había que seguir con el camino hasta que subieras a arriba del todo. Arriba
había unos restos de un castillo árabe, con mis primos Santi y Dani y un
amigo de ellos que se llamaba Jorge nos sentamos y nos salieron buitres muy
cerca, luego volvimos a bajar abajo, entonces con Yoli y todos los demás
fuimos a un mirador que hay por allí y luego volvimos abajo luego me
encontré a un amigo que se llama Alberto después de eso comimos para
recargar energías, después de todo estaba previsto bajar al rió Flumen pero
como se hizo tarde y al final no bajamos entonces los tíos me llevaron a
casa en la furgoneta del tío y cuando me fui del Salto del Roldán cogí una
piedra de la cima del Salto y cuando papa vio la piedra se puso muy contento
y me dio las gracias, a mama le iba a coger unas violetas pero yo no se
cogerlas con la raíz, pero otro sábado o domingo iré con papa y como papá
sabe cogerlas con raíz incluidas le llevaremos unas cuantas a mama.
Daniel
Gabarre (9 años).