Como en años anteriores, nuestros
amigos del C.C. Lleida prepararon su acampada, esta vez en la localidad de
Montblanc, y como ya es costumbre, hasta allí nos desplazamos algunos
socios de nuestro Club. En esta ocasión éramos trece instalaciones,
superando en número al club organizador.
La acampada se desarrolló en plan
tranquilo, con la clásica izada de banderas el sábado por la mañana y luego
más tarde la comida que da nombre a esta acampada: la gran caracolada que
preparan nuestros amigos y que además la hacen como nadie. Para este año los
caracoles estaban hechos con cigalas o escamarcans, como las llaman ellos.
Estaban exquisitos los caracoles y deliciosas las cigalas. Cada año los
preparan de distinta forma, pero siempre buenísimos.
Tras los postres y el café llegaron
los licores. Nuestro amigo Antonio nos trajo para degustar unas botellas de
orujo, licor de café y de hierbas que él mismo destila y damos fe los de
Huesca que los hace muy buenos. Tanto es así, que no quedó ni gota en las
botellas, eso si, tiene efectos secundarios: en algunas personas producen
amnesia y en otras afecta a la vista, como por ejemplo, que las ranuras por
las que hay que echar las monedas en las máquinas expendedoras de tabaco se
encogen de tal manera que no hay forma de atinar.
La hora de la cena llegó pronto,
luego, con el café y el agua de valencia, la tertulia se alargó hasta bien
entrada la noche.
Con un poco de resaca, el domingo
nos tomamos un chocolate y más tarde, arriada de banderas y fin de acampada.
Algunos fuimos a comer al buffet libre de Guisona que hay en Montblanc (por
4 € se come muy bien) y otros en el camping. Después, a recoger y cada
mochuelo a su olivo.
La verdad es que las acampadas,
aunque no tengan muchas actividades, sirven para que nos podamos reunir,
crear nuevos lazos de amistad y pasarlo bien como hicimos en esta acampada.
Francisco Pedrazo
Socio Nº 3